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Sin Retorno – Capítulo 6

Publicado: enero 23, AM en Sin Retorno

Carmen dejó los auriculares sobre la mesa y se levantó alzando los brazos.
– ¿Qué ha pasado Carmen? ¿Con quién has hablado? ¿Quiénes eran?
– ¡Alejandra y Fernando están en el ayuntamiento! Están bien pero hay que ir a rescatarlos. Están rodeados de esas cosas y no pueden salir.

Había que preparar la expedición. Según habían contado, estaban en la comisaria de la policía local anexa al ayuntamiento. Se habían escondido de la infección en uno de los edificios de oficinas del centro y una de sus propias expediciones les llevó a la situación en la que se encontraban ahora. Al parecer el ruido al forzar la puerta había atraído a esas criaturas a la zona, dejándolos sin otra opción que buscar refugio en la pequeña oficina de la policía que estaba en el edificio.

– Iremos esta noche. Saldremos todos en su ayuda y con suerte igual nos lleven hasta otros supervivientes.

Siempre habíamos confiado en Popito cuando se trataba de plantear una expedición. Este rollo zombie siempre le había apasionado y los años que pasó leyendo este tipo de obras hoy era un recurso más que valioso.

Como se planteó nos preparamos para salir. Cogimos un par de armas que Paco había estado preparando días atrás, una tubería a la que se le había añadido en la punta una cinta atravesada por varios clavos de una obra cercana. Además contábamos con un arma construida a partir de un metal unido a una madera tallada a modo de hacha. Llevamos algo de la reserva de comida que habíamos conseguido, nunca sabríamos hasta cuando estaríamos fuera.

Una vez tuvimos todo listo, nos pusimos en marcha. Siempre que habíamos salido todos de expedición teníamos la impresión de que no volveríamos al lugar donde ahora convivíamos, hoy, algo nos dijo que era la última vez que veríamos aquellas paredes.

El camino no era largo pero atravesar el centro era lo que suponía mayor peligro. Es cierto que aquellas bestias no eran muy listas y desde luego la rapidez no era su rasgo más característico, pero en calles estrechas como las del casco antiguo y acumulaciones de muchos ellos era una trampa mortal que debíamos evitar en la medida de lo posible.

Como era habitual, Popito y Toño marcaban la marcha. Toño cargaba con la tubería mientras que Popito marcaba el camino que veía más transitable. Detrás iban Carmen y Paco, ellos llevaban la mayor cantidad de provisiones así como un pequeño botiquín con alcohol para desinfectar y algunas vendas. Detrás Virginia y yo cerrábamos el convoy, la otra arma lo llevaba yo mientras vigilábamos la retaguardia.

La noche parecía tranquila. Aún se nos hacía raro recorrer las callejuelas de la ciudad sin ver a nadie al caer la noche. Las luces habían dejado de funcionar hacía tiempo y la única luz que se emitía era de las linternas que llevaban tanto Popito como Virginia. Parecía que una eternidad había pasado desde que los adoquines de las aceras eran transitados por personas con ilusiones de futuro e inquietudes. Ahora la vida era distinta para todos, y nunca volvería a ser la misma, lo único que nos quedaba éramos nosotros mismos y continuar juntos es lo que nos animaba a seguir con vida.

Pocos minutos avanzando fueron suficientes para llegar a la plaza donde comenzaban las típicas callejuelas de la antigua ciudad. Conseguimos evitar algunos caminantes que deambulaban por las calles y sin mayor problema llegamos a uno de los tramos que nos temíamos iba a ser el peor. La Calle Corredera era lo único que nos separaba de nuestros amigos. El problema es que ante nosotros se encontraban decenas de aquellas criaturas que antes podíamos llamar paisanos y hoy por hoy no eran más que cadáveres renqueantes que vagaban sin mayor intención que la de alimentarse de cualquier ser vivo que captaban sus deficientes sentidos. Un pequeño grupo más avanzado giró la cabeza y emitió un quejido que retumbó en las paredes de los edificios y que nos dejó helado el cuerpo.

– Ya no hay vuelta atrás.

Dije mientras avanzaba hasta colocarme a la derecha de Toño y ambos cargábamos contra aquellas cosas con toda nuestra fuerza.

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Sin Retorno – Capítulo 5

Publicado: enero 9, AM en Sin Retorno

Y pasó un año. Los gritos en las calles dejaron paso al silencio más absoluto y la nube de polvo pronto quedó disipada para mostrar de nuevo la luz del sol.Un nuevo año se abría ante nosotros y juntos habíamos logrado sobrevivir a lo que desde aquel momento conoceríamos como “El Incidente”.

Al desconcierto y la incertidumbre generalizada les sucedió la tragedia. Al parecer, algo más fue desatado con aquella explosión, algo que aún tratamos de explicar. Tras la exposición a lo que creíamos era radiación se sucedieron las muertes de los más débiles (ancianos, niños, enfermos,…) y aquellos que no sucumbían a la enfermedad, cambiaban… Su cuerpo se cubría de llagas supurantes y perdían prácticamente el control de sus capacidades motrices, deambulando por las calles con movimientos espasmódicos.

Lo más aterrador era algo que habíamos escuchado vagamente años atrás. Una droga comenzaba a hacerse eco en algunos lugares del mundo y que hacía a algunos individuos desarrollar un hambre voraz, llegando incluso a devorarse unos a otros sin motivo aparente. Al parecer aquello era solo un experimento y el desenlace había traído la enfermedad de manera generalizada. La droga “zombie” era ahora una realidad y aquellos que lograban sobrevivir a la primera exposición no podían permitirse ser alcanzado por cualquier fluido infectado o su destino sería fatal.

Nuestros mayores esfuerzos fueron la búsqueda de alimentos. Organizábamos partidas a primera hora de la mañana que solían durar varias horas y no siempre eran fructuosas. Las pequeñas tiendas, comercios y casas que no habían sido saqueadas eran refugio de infectados que dificultaba la recolección de recursos. Pero habíamos podido sobrevivir gracias a nuestros conocimientos.

Virginia había conseguido aislar una porción de tierra sana donde plantábamos vegetales y algunas raíces. Carmen junto con Toño, se encargaban de una pequeña radio de onda corta que recuperamos de un coche de policía. Solo la utilizábamos pocas horas al día por miedo a agotar las baterías y no poder reponerlas con las que encontrábamos, con algo de suerte, en las partidas de exploración. Popito se encargaba de la seguridad de la casa. Había colocado estratégicamente tablones y refuerzos en puertas y ventanas que más de una noche nos protegieron de los indeseables visitantes que teníamos. Paco consiguió armarnos con un par de armas improvisadas hechas con restos de metal que caían de algunos edificios debido a las fuertes tormentas que sucedieron a la explosión.

Yo, por mi parte, dediqué mis esfuerzos a potabilizar el agua con un rudimentario alambique de cobre. Con esta agua controlábamos la sed y permitía que Virginia regara el pequeño huerto sin peligro a contaminarnos. Nadie dijo que sobrevivir fuera fácil pero parecía que juntos habíamos llegado a entendernos perfectamente y a trabajar juntos, como un equipo.

Una mañana, mientras Popito revisaba las protecciones de la puerta de metal que daba a la calle y yo recolectaba algo de agua de lluvia que había caído la noche anterior sobre los colectores que habíamos construido, se escucharon gritos que venían de dentro de la casa. Corrimos alarmados a la sala principal donde una mesa baja de madera hacía las veces de cuarto de comunicaciones. Allí, todos los demás se abrazaban y aplaudían mientras Carmen se apretaba los cascos a las orejas.

– ¿Dónde estáis? ¿Quiénes estáis ahí? – Repetía Carmen nerviosa pero aliviada – ¿En serio? ¡Perfecto! (…) ¿Si? Vale, quedaros allí. ¡Nos vemos esta noche!

Sin Retorno – Capítulo 4

Publicado: enero 2, AM en Sin Retorno

Llenas tus bolsillos de latas de conserva de todas clases, ni siquiera te paras a comprobar lo que hay dentro. Con tus brazos rodeas otras tantas y te diriges a la puerta por la que entraste. La suerte hizo que ambos, Paco y tú, os vierais en la salida prácticamente al mismo tiempo. Agachado ante una maleta de Peppa Pig, que debe de haber encontrado dentro del centro comercial, guarda varias latas dentro del compartimento delantero. Al acercarte, haces lo propio y liberas tus manos y tus bolsillos mientras resoplas algo aliviado, no crees que fuera a ser suficiente para un largo periodo de tiempo pero al menos no moriréis de hambre en pocas horas, nunca se sabe si la comida puede haber resultado afectada por la radiación.

– Vamos, hay que moverse Paco. Creo que en casa de Carmen estaremos seguros, al menos por ahora.

– Estoy contigo.

Cuando vuelves finalmente a la calzada y avanzas junto a Paco por la ciudad (el cual cargaba una maleta que en cualquier otro momento te habría parecido ridícula), el único sonido que puedes percibir son los gritos de pánico y de dolor que parecen venir de todas partes. Aunque no encuentras especialmente concurridas las calles de Jerez, se te hace difícil avanzar debido en gran medida al desconcierto que rodea tus pensamientos en estos momentos.

Tras una carrera de varios minutos, llegáis a la barriada donde Carmen y Popito compartían casa. Era una casa pequeña de dos plantas que solían alquilar a gente pero que, debido a las fiestas de Navidad, se había quedado sola y que ahora contaba con suficiente espacio para alojar a varias personas.

Apresuradamente tocas el timbre con la esperanza de encontrarles todavía dentro y a salvo. Al pulsar el botón blanco junto a la puerta de metal que custodia la entrada, no percibes ningún sonido cuando, en condiciones normales debería haberse escuchado un zumbido (siempre te había parecido lo absurdamente alto que se escucha desde fuera). Golpeas la puerta lo más fuerte posible y emites un hilo de voz que se potencia al aclararte la garganta.

– ¡Carmen! ¡Popito! ¡Abrid, estamos fuera!

Paco imitando tus acciones, golpeaba tres veces la puerta y gritaba sus nombres. Escuchas la puerta interior de madera abrirse y unos pasos acercándose a donde estáis. El sonido de un cerrojo metálico y algo oxidado por el tiempo suena al otro lado posibilitando que la puerta se abriera ante vosotros.

Pero pese a esperar encontrar dentro la perilla de Popito o la sonrisa de Carmen, quien abre la puerta es una persona afeitada, morena y de pelo corto. La camiseta blanca de tirantes que llevaba te permitía afirmar que también ha salido apresuradamente de su casa al igual que vosotros y que la misma idea le ha traído hasta aquí.

Subes el escalón que custodia la entrada al patio de la casa y saludas amistosamente a la persona que abre tu puerta. Estaba claro que nadie entendía lo que estaba pasando pero juntos, al menos, tendríais una oportunidad de sobrevivir.

– Nabo… – Dijiste mientras Toño te devolvía el saludo y dejaba paso a Paco. Al avanzar viste dentro exactamente lo que esperabas encontrar. Las caras de desconcierto de Carmen, Popito y Virginia te devolvían la sonrisa y sabías que habría que ponerse manos a la obra si los seis querías sobrevivir.

Sin Retorno – Capítulo 3

Publicado: diciembre 26, AM en Sin Retorno

Recorres las calles en dirección a casa de Paco. Los coches parados en medio de la calzada no te sorprenden y la banda sonora de tu caminata no es más que los gritos de terror de los jerezanos. Mientras te acercas a tu primer destino, ves como de los edificios que te rodean salen familias completas tratando de arrancar los coches estacionados en la acera, sin éxito.

Entre ellos reconoces una cara amiga. Con la mirada fija en el horizonte y una cámara colgada de su hombro izquierdo está Paco, el cual no se percata de tu presencia mientras te acercas sorteando individuos que muestran evidentes signos de quemaduras en su piel.

– ¡Paco! ¡PACO!

Agarras sus hombros y cruzáis las miradas, comprendiendo al instante que juntos tenéis más posibilidades de sobrevivir.

– Hay que entrar dentro, coger provisiones. Ya veremos donde vamos después. – Dijo aclarándose la garganta y señalando al centro comercial que, poco a poco, se llenaba de gente que tenía vuestra misma idea.

Las puertas, destrozadas por varios carros de la compra, dejan paso a decenas de personas que entre codazos y empujones se adentran en las calles de los grandes almacenes. Sin mediar palabra os veis trepando por la montaña de aceros que guardaban la entrada y, pese a que una rodilla pasa cerca de tu cara mientras asciendes, Paco alarga su brazo para ayudarte a entrar en aquellos pasillos fríos y llenos de cristales.

– Comida enlatada y cosas que puedan durar. ¡Nos vemos fuera!

Os despedís a gritos mientras empujáis a personas con latas en sus brazos que corren en dirección opuesta a la vuestra. Alguno de ellos, incluso es derribado a golpes y saqueado sin miramientos, lo que antes conocías como civilización se desplomaba ante ti mientras recordabas como el día anterior pasaba sin pena ni gloria como un viernes más…

Y entonces te das cuenta de cuál es tu siguiente parada… Popito y Carmen estarán juntos y a salvo y, con algo de suerte, Virginia estará con ellos

Sin Retorno – Capítulo 2

Publicado: diciembre 19, AM en Sin Retorno

Era imperativo alejarse lo máximo posible de la onda expansiva, la radiación podría ser mortal. Miras a tu alrededor y lo único que encuentran tus ojos es una guitarra polvorienta y la ropa del día anterior sobre la silla del escritorio. Te vistes apresuradamente echando mano al móvil. Descubres, como era de esperar, que no tiene cobertura (las barritas estaban al mínimo) pese a todo, lo metes en tu bolsillo junto con medio paquete de tabaco y un mechero rojo a medio gas.

Abres la puerta de tu casa situada en un octavo piso, y lo que captan tus oídos te deja petrificado. Llantos de dolor y gritos de terror subían desde las escaleras. Bajas atropelladamente mientras por tu cabeza pasan pensamientos erráticos que nublan tu vista ¿Estará pasando esto en todo el mundo? ¿Qué habrá pasado con tus familiares y amigos? ¿Cuánto pasará antes de que se produzca otra explosión? Aunque tu cerebro funcionaba a toda velocidad debido a la adrenalina generada, no piensas en lo más obvio, ¿A dónde irás? Debes contactar con alguien y pronto.

La aterradora visión que se presenta ante tí al abrir la puerta del portal te deja paralizado unos segundos. La plazoleta antes rodeada de verde hierba por la que paseaban perros y ancianos presentaba ahora un color apagado, casi negro. El cielo, cubierto por una nube de polvo que oculta el sol originaba una luz de color anaranjado intenso que procedía de la espalda del edificio donde antes se encontraba tu hogar. Pero aún más terrorífico fue encontrar decenas de personas gritando mientras corrían sin dirección determinada. Te uniste a ellos. Tu único objetivo ahora era alejarte lo máximo posible de la explosión radiactiva y reunirte con alguien para sobrevivir al holocausto.

Pensaste en el lugar donde se había desatado la explosión. Al Oeste de la ciudad, donde se emplaza una base militar americana. Probablemente allí se habría originado el ataque por lo que la dirección opuesta a aquello era la más lógica. Te alejas de las calles donde antaño habías jugado y crecido y te aventuraste a recorrer la Avenida de Europa en dirección al Este. Alguien vivía no muy lejos de allí y buscarlo era lo único que pasaba por tu cabeza.

– Paco Montero Entero…

Sin retorno – Capítulo 1

Publicado: diciembre 19, AM en Sin Retorno

Otro Sábado más te has dejado la persiana abierta y entra una agradable, por no llamarla de otra manera, luz matutina anaranjada por tu ventana. Te levantas de la cama y el latir de tu vejiga no termina de separar tu mente del sueño. Una vez evacuado y restablecido el control de tus funciones motoras, te dispones a calentar el café mientras te bebes un zumo de naranja (hecho a partir de zumo de naranja concentrado, por supuesto).

Vuelves de manera renqueante a tu cuarto a la vez que sacudes las legañas y te arrascas el huevo derecho. Al cruzar el marco de la puerta de madera de tu habitación miras con desprecio a la ventana de la que aún emana ese brillo anaranjado que te sacó de las garras de Morfeo… Pero algo no va bien… Extrañado, adelantas unos pasos hasta que una fuerte sacudida te hace derramar las gotas del zumo de naranja (a base de zumo de naranja concentrado) que rebosaba del vaso. Apoyas entre tambaleos las manos sobre el alfeizar rebosante de cagadas de palomas y miras el horizonte… 

Donde deberían estar los verdes campos de la campiña jerezana coronados por las aspas de los molinos de viento modernos, ahora se encuentra una gran nube de polvo de entre la que se alza, como si de un campeón victorioso se tratase, una llamarada del color del infierno con forma de hongo que aumenta su tamaño a medida que pasan los segundos.

 
Escuchas el vaso de cristal rompiéndose en el suelo y levantas el brazo mientras alineas la vista con el pulgar levantado en dirección al hongo.

– Quizás aún esté a tiempo…