Sin Retorno – Capítulo 4

Publicado: enero 2, AM en Sin Retorno

Llenas tus bolsillos de latas de conserva de todas clases, ni siquiera te paras a comprobar lo que hay dentro. Con tus brazos rodeas otras tantas y te diriges a la puerta por la que entraste. La suerte hizo que ambos, Paco y tú, os vierais en la salida prácticamente al mismo tiempo. Agachado ante una maleta de Peppa Pig, que debe de haber encontrado dentro del centro comercial, guarda varias latas dentro del compartimento delantero. Al acercarte, haces lo propio y liberas tus manos y tus bolsillos mientras resoplas algo aliviado, no crees que fuera a ser suficiente para un largo periodo de tiempo pero al menos no moriréis de hambre en pocas horas, nunca se sabe si la comida puede haber resultado afectada por la radiación.

– Vamos, hay que moverse Paco. Creo que en casa de Carmen estaremos seguros, al menos por ahora.

– Estoy contigo.

Cuando vuelves finalmente a la calzada y avanzas junto a Paco por la ciudad (el cual cargaba una maleta que en cualquier otro momento te habría parecido ridícula), el único sonido que puedes percibir son los gritos de pánico y de dolor que parecen venir de todas partes. Aunque no encuentras especialmente concurridas las calles de Jerez, se te hace difícil avanzar debido en gran medida al desconcierto que rodea tus pensamientos en estos momentos.

Tras una carrera de varios minutos, llegáis a la barriada donde Carmen y Popito compartían casa. Era una casa pequeña de dos plantas que solían alquilar a gente pero que, debido a las fiestas de Navidad, se había quedado sola y que ahora contaba con suficiente espacio para alojar a varias personas.

Apresuradamente tocas el timbre con la esperanza de encontrarles todavía dentro y a salvo. Al pulsar el botón blanco junto a la puerta de metal que custodia la entrada, no percibes ningún sonido cuando, en condiciones normales debería haberse escuchado un zumbido (siempre te había parecido lo absurdamente alto que se escucha desde fuera). Golpeas la puerta lo más fuerte posible y emites un hilo de voz que se potencia al aclararte la garganta.

– ¡Carmen! ¡Popito! ¡Abrid, estamos fuera!

Paco imitando tus acciones, golpeaba tres veces la puerta y gritaba sus nombres. Escuchas la puerta interior de madera abrirse y unos pasos acercándose a donde estáis. El sonido de un cerrojo metálico y algo oxidado por el tiempo suena al otro lado posibilitando que la puerta se abriera ante vosotros.

Pero pese a esperar encontrar dentro la perilla de Popito o la sonrisa de Carmen, quien abre la puerta es una persona afeitada, morena y de pelo corto. La camiseta blanca de tirantes que llevaba te permitía afirmar que también ha salido apresuradamente de su casa al igual que vosotros y que la misma idea le ha traído hasta aquí.

Subes el escalón que custodia la entrada al patio de la casa y saludas amistosamente a la persona que abre tu puerta. Estaba claro que nadie entendía lo que estaba pasando pero juntos, al menos, tendríais una oportunidad de sobrevivir.

– Nabo… – Dijiste mientras Toño te devolvía el saludo y dejaba paso a Paco. Al avanzar viste dentro exactamente lo que esperabas encontrar. Las caras de desconcierto de Carmen, Popito y Virginia te devolvían la sonrisa y sabías que habría que ponerse manos a la obra si los seis querías sobrevivir.

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